domingo, 20 de febrero de 2011



El viento sopla, demanda la atención de los árboles, que se arrodillan ante él. La lluvia cae, dando nueva vida a los ríos; así como tomar la vida de los indefensos. Cuando ese gran ojo en el cielo se precipita y nos observa, hay un momento de silencio, una sensación de calma como ninguna otra jamás presenciada por la humanidad.

                                                                                 Haydée Pabón Rodríguez

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